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Casas Muertas / Miguel Otero Silva


Precio : $ 4.400


Art铆culo Usado
Estado : Bueno
Disponibilidad : 1
G茅nero : Novelas
Idioma : Castellano






* lomo con " peladuras "
127 p谩ginas
1971
Medidas :
11.5x18.3 cms.

Miguel Otero Silva

(Barcelona, Venezuela, 1908 - Caracas, 1985) Poeta, novelista y periodista venezolano, uno de los m谩ximos exponentes de la literatura social en su pa铆s. Miguel Otero Silva particip贸 activamente en las revueltas estudiantiles de febrero de 1928 y tambi茅n en la conspiraci贸n militar del 7 de abril de ese a帽o y la aventura, al a帽o siguiente, de una proyectada invasi贸n por las costas de Falc贸n. Estos fueron los s铆ntomas anunciadores de lo que iba a ser su actitud vital m谩s constante: una pasi贸n genuina por la justicia social, la insumisi贸n ante las tiran铆as, la fe en las posibilidades de transformaci贸n de la sociedad venezolana.
Oriundo de Barcelona, la capital del estado Anzo谩tegui, su padre, Henrique Otero Vizcarrondo, pertenec铆a a una familia de hacendados que se enriqueci贸 al descubrirse que sus tierras atesoraban asfalto y petr贸leo. Cuando ten铆a seis a帽os, Miguel se traslad贸 a Caracas con su familia, que se instal贸 en el barrio de La Pastora. Curs贸 estudios en el San Jos茅 de Los Teques y en el Liceo Caracas, que dirig铆an Luis Ezpelos铆n y R贸mulo Gallegos. En las aulas de este plantel coincidi贸 con un grupo de j贸venes estudiantes que iban a constituir la 茅lite intelectual y pol铆tica del pa铆s despu茅s de la muerte del dictador Juan Vicente G贸mez: R贸mulo Betancourt, J贸vito Villalba, Isaac J. Pardo, Rafael Vegas.
En 1924, con quince a帽os, Miguel Otero Silva hab铆a concluido sus estudios de bachillerato, y su padre, alentado por el talento matem谩tico del hijo, lo inst贸 a que estudiara ingenier铆a civil. Ese mismo a帽o se inscribi贸 para cursar esta carrera en la Universidad Central de Venezuela, y efectivamente la curs贸 hasta el final. Pero ya sus intereses eran otros, y Miguel Otero no se molest贸 siquiera en recoger su t铆tulo de ingeniero. Hab铆a empezado a escribir y, sobre todo, hab铆a descubierto el periodismo, que ser谩, con la pol铆tica y la literatura, su otra actividad constante. Con el seud贸nimo Miotsis dio sus primeros brochazos humor铆sticos en las p谩ginas del peri贸dico Fantoches y la revista Caricaturas.
En enero del a帽o decisivo de 1928 circul贸 en Caracas el n煤mero, destinado a ser 煤nico, de una revista titulada V谩lvula. All铆 pod铆a leerse un editorial que, a primera vista, se limitaba a exponer el ideario est茅tico de una generaci贸n de venezolanos que descubr铆a, tard铆amente pero con br铆os, las grandes vanguardias que desde 1910 sacud铆an Europa: Futurismo, Dada铆smo, Ultra铆smo. Sin embargo, entre l铆neas pod铆a adivinarse la aparici贸n a煤n t铆mida de un esp铆ritu de revuelta dirigido no solamente contra anquilosadas formas art铆sticas, sino tambi茅n contra una sociedad provinciana, aherrojada por un caudillo at谩vico.
A la luz de la revuelta estudiantil que se produjo apenas un mes despu茅s de su publicaci贸n, hay frases del editorial de V谩lvula que resuenan como una amenaza de cambio inminente: "Abominamos todos los medios tonos, todas las discreciones, s贸lo creemos en la eficacia del silencio o el grito. V谩lvula es la espita de la m谩quina por donde escapar谩 el gas de las explosiones del arte futuro". Las firmas que acompa帽aron este manifiesto con forma de editorial son un compendio de intelectuales que dejar谩n una obra perdurable y de futuros actores del cambio pol铆tico y social que vivir谩 el pa铆s a partir de 1936: Arturo Uslar PietriAntonio Arr谩iz, Miguel Otero Silva, Fernando Paz Castillo, Jos茅 Antonio Ramos Sucre y Jos茅 Nucete Sardi, entre otros.
Durante la semana tradicionalmente dedicada por los caraque帽os a la celebraci贸n de las fiestas de Carnaval, un grupo de estudiantes y autoridades universitarios, que hab铆a ya logrado algunas reformas democr谩ticas en la Universidad Central, organiz贸 una serie de manifestaciones, de car谩cter cultural y festivo, con el fin de recaudar fondos para la fundaci贸n de una instituci贸n, la Casa de Bello, inspirada en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Entre otros sucesos, la intervenci贸n en estos actos de P铆o Tamayo, dirigente pol铆tico e introductor del marxismo en Venezuela, y de los estudiantes de derecho R贸mulo Betancourt, J贸vito Villalba y Joaqu铆n Gabald贸n M谩rquez, se sald贸 con la represi贸n de los festejos y el apresamiento de Tamayo y los j贸venes activistas.
El resto de los estudiantes, en se帽al de protesta, se entreg贸 a las autoridades, quienes los encarcelaron durante dos semanas. Al ser liberados, el pueblo de Caracas los vitore贸 en las calles de la ciudad. Era la primera vez que se produc铆a un acercamiento entre los universitarios y el pueblo, y la primera que se produc铆an fisuras en la fachada del r茅gimen.
A diferencia de otros j贸venes, como Antonio Arr谩iz y Andr茅s Eloy Blanco, Miguel Otero Silva pudo huir del pa铆s tras la intentona fallida protagonizada por un grupo de militares en abril de ese mismo a帽o. Desde el exilio se sum贸, en 1929, a otra fallida aventura, liderada esta vez por Gustavo Machado y Rafael Sim贸n Urbina. Un a帽o despu茅s, el joven pr贸fugo se afili贸 al Partido Comunista Internacional, y por estas fechas comenz贸 a escribir Fiebre. De Espa帽a fue deportado a Francia, donde se afili贸 tambi茅n al Partido Comunista Franc茅s.
La muerte del dictador Juan Vicente G贸mez, en diciembre de 1935, le permiti贸 regresar al pa铆s, donde sac贸 a relucir brillantemente su vena humor铆stica escribiendo Sinfon铆as tontas, versos sat铆ricos publicados en el diario Ahora con el seud贸nimo Mickey. El r茅gimen de Eleazar L贸pez Contreras no le vio gracia al asunto, y de nuevo tuvo Miguel Otero que refugiarse fuera del pa铆s, esta vez en M茅xico (donde public贸 su primer libro, el poemario Agua y cauce) y posteriormente en Estados Unidos, Cuba y Colombia.
Inicialmente, Miguel Otero Silva pareci贸 desligarse de los acontecimientos pol铆ticos de su pa铆s y volcarse, como militante comunista, en las dos grandes conflagraciones que sacudieron Europa: la Guerra Civil espa帽ola y el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Con todo, regres贸 a Venezuela en 1939, y un a帽o despu茅s public贸 Fiebre, la novela de aquella generaci贸n del 28 que hab铆a tomado las calles de Caracas para protestar contra el tirano, llevada al cine por Juan Santana en 1976 con un gui贸n de Salvador Garmendia.
Para Garmendia, "Otero Silva sorprende la soporosa monoton铆a reinante en el 谩mbito de la escritura novel铆stica de esos a帽os introduciendo sin aviso previo, en su primera p谩gina, como un golpe s煤bito de iluminaci贸n, la jitanj谩fora de los estudiantes del 28, que es entonada con furia juvenil en el patio de la casona de San Francisco: "Grita la voz: "¡Al谩 y Balaja! ¡Sigala y Balaja!" Y el coro responde: "¡Sacalapatalaj谩!". Y a帽ade: "La realidad primero es la llamada de atenci贸n que cruza de un extremo a otro toda la obra literaria del autor de Fiebre; en la novela, en la poes铆a donde descansa el peso de sus inquisiciones y reflexiones sobre el destino del pa铆s; en el humorismo y el periodismo como espacio para el trabajo diario, el tubazo certero, la frase ingeniosa, un gui帽o de ojos desafiando la solemnidad".
La d茅cada de 1940 fue crucial para Otero Silva, quien se dedic贸 de lleno al periodismo. En 1941 fund贸, con Francisco Jos茅 Kotepa Delgado y el caricaturista Claudio Cede帽o, el semanario humor铆stico El Morrocoy Azul, donde publicaron el veterano Francisco Pimentel Job Pim, Antonio Arr谩iz, Andr茅s Eloy Blanco, Aquiles Nazoa e Isaac J. Pardo. Tambi茅n ese mismo a帽o particip贸 en la fundaci贸n de ¡Aqu铆 est谩!, semanario de izquierda. Otero cont贸 con el respaldo econ贸mico de su padre: en 1943, despu茅s de viajar a Estados Unidos y adquirir una imprenta para El Morrocoy Azul, Henrique Otero decidi贸 fundar un peri贸dico. El 3 de agosto de ese a帽o sali贸 a la calle por primera vez El Nacional, que habr铆a de convertirse en el peri贸dico venezolano de referencia, con una tirada incluso superior a la del m谩s conservador El Universal.
El primer jefe de redacci贸n de El Nacional fue, l贸gicamente, Miguel Otero Silva, y su primer director, Antonio Arr谩iz. En 1946, Miguel Otero contrajo matrimonio con la periodista Mar铆a Teresa Castillo, quien se convertir谩, a partir de la d茅cada de 1960, en una de las figuras m谩s relevantes de la vida cultural del pa铆s como directora del Ateneo de Caracas. El matrimonio tuvo dos hijos, Mariana y Miguel Henrique, quien sigui贸 las huellas de su padre en el terreno del periodismo y tom贸 su relevo al frente de El Nacional. Antes de finalizar la d茅cada, Miguel Otero Silva se gradu贸 de periodista en la Universidad Central de Venezuela y fue designado presidente de la Asociaci贸n Venezolana de Periodistas.
A partir de la d茅cada de 1950, ya asentada su carrera period铆stica, Otero Silva se dedic贸 de lleno a la literaria. Comenz贸 deslig谩ndose del Partido Comunista de Venezuela y se instal贸 en tierras llaneras, en el estado Gu谩rico, donde investig贸 el auge del pueblo de Ortiz y su casi total extinci贸n debido a las fiebres pal煤dicas, para verter luego sus observaciones en su segunda novela, Casas muertas, publicada en Buenos Aires en 1955 y por la que recibi贸 el Premio Ar铆stides Rojas y el Nacional de Literatura. "No obstante el aporte de Fiebre a la contemporaneidad del g茅nero (prosigue Garmendia) la m谩s popular de las novelas de Otero Silva sigue siendo Casas muertas, por la madurez del estilo, la persistencia del humor, aun dentro del tono eleg铆aco que envuelve la agon铆a y desaparici贸n del pueblo de Ortiz y el 茅xodo de sus moradores, y en especial el sabor y color costumbrista que mantienen la simpat铆a y el regocijo del lector, entre coloridas descripciones y an茅cdotas de la vida rural."
Semanas antes de la ca铆da de la dictadura de Marcos P茅rez Jim茅nez fue apresado, y tras su liberaci贸n fue elegido senador por el estado Aragua, en diciembre de 1958. Ese mismo a帽o public贸 Eleg铆a coral a Andr茅s Eloy Blanco y obtuvo el Premio Nacional de Periodismo. Utiliz贸 la influencia que le dio el cargo de senador para impulsar en 1969 la creaci贸n del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (INCIBA), sustituido en 1975 por el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC), que tambi茅n contribuy贸 a fundar.
Sus simpat铆as declaradas por la revoluci贸n cubana le granjearon la enemistad del gobierno de R贸mulo Betancourt, que hizo presi贸n para que dejara la direcci贸n del peri贸dico, lo que acab贸 efectivamente logrando. En 1961 public贸 la novela Oficina n.潞 1, escrita en su villa de Arezzo, que Gabriel Garc铆a M谩rquez inmortaliz贸 en un relato de fantasmas publicado en Doce cuentos peregrinos. En Oficina n.潞 1 auscult贸 la Venezuela petrolera, y en su siguiente novela, La muerte de Honorio (1963), retrat贸 las luchas pol铆ticas contra el r茅gimen de P茅rez Jim茅nez.
En 1965, junto a su retorno a la poes铆a con La mar que es el morir, public贸 uno de sus libros de versos sat铆ricos m谩s populares, Las celestiales, en el que atac贸 cruda y jocosamente a la Iglesia, con el seud贸nimo I帽aqui de Errandonea. Su 煤ltima novela centrada en acontecimientos pol铆ticos del pa铆s, Cuando quiero llorar no lloro (1970), se convirti贸 en una obra m铆tica para la generaci贸n que vivi贸 los movimientos de guerrilla de la d茅cada de 1960, y tres a帽os despu茅s fue llevada al cine por Mauricio Wallerstein.
Los 煤ltimos quince a帽os de su vida los dedic贸 Miguel Otero a dos de sus grandes pasiones, el coleccionismo de arte (en su casa de Caracas, bautizada Macondo en homenaje a Cien a帽os de soledad, lleg贸 a atesorar, entre otras piezas de gran valor, un ejemplar de la efigie de Balzac, de Auguste Rodin, y una de las m谩s importantes colecciones privadas de iconos sagrados rusos), y el humorismo, con el estreno de una versi贸n hilarante de Romeo y Julieta (1975), y a escribir dos novelas hist贸ricas: Lope de Aguirre, pr铆ncipe de la libertad (1971) y La piedra que era Cristo, publicada en 1984, un a帽o antes de su muerte.
C贸mo citar este art铆culo:
Ruiza, M., Fern谩ndez, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Miguel Otero Silva. En Biograf铆as y Vidas. La enciclopedia biogr谩fica en l铆nea. Barcelona (Espa帽a).